dissabte, 4 de juny del 2011

dimecres, 1 de juny del 2011

RELATO COMPARTIDO

Aquí os dejo tres capítulos más de "Al pan, pan y al vino, vino:


Durante los interminables minutos en que sus miradas se cruzaron, Esperanza vio los ojos de su padre; oyó su voz, recordó sus palabras…Sí, aquellas palabras que en su momento le infundieron fe en el futuro.

No siempre la vida debería ser un simple hecho monótono. Tenía frente a sí: ¡A un ser vivo! Tan vivo como ella.

Nazareno fue quien rompió la magia que él mismo había provocado, sacando a Esperanza de ése túnel de los recuerdos en que se había sumergido.--¿Te he visto en algún sitio antes?--dijo con voz tímida el joven.

No sé, tal vez--respondió Esperanza, mientras sus mejillas se ruborizaban sin poder evitarlo.

Si este joven supiera todo lo que lo he buscado ¿Qué pensaría de mi?--monologaba internamente.

¿Cuál es tu gracia?--Nazareno, mi nombre es Nazareno ¿Y el tuyo?--Esperanza--responde la muchacha ya más repuesta.

¡Igual que mi abuela! ¡No lo puedo creer! Si nos hubiésemos buscado, quizá no nos encontrábamos, esto es para mí un milagro--se expresaba Nazareno con una alegría inusual, mientras Esperanza enrojecía cada vez más.

--Aprovecho los sábados en que no trabajo para venir a la biblioteca. Suelo retirar cierto tipo de libros antiguos que me proyectan…no sé, algo me dice que todo es irreal, y en estos libros encuentro la energía que necesito para continuar

¿Te interesa la lectura?--Sí--responde Esperanza-- Entonces podríamos compartir los libros que retiro, ¿qué opinas?--

La joven duda unos instantes pensando que en definitiva no lo conocía hasta ahora. ¿Y si no es lo que parece?--se pregunta; pero oye a Nazareno diciendo: --En el camino del centro comercial hay una cafetería donde podríamos sentarnos por horas sin que nos digan nada, solo debemos consumir lo mínimo ¿Te parece bien?--

Esperanza acepta la propuesta, y los dos se encaminan hacia el centro comercial. Al pasar por el Kiosco, Don Alberto advierte un brillo especial en los ojos de ambos jóvenes, hecho que lo alegra mucho.

Mientras caminan, advierten que un autofly, al que antes no le habían dado importancia, se desplaza a corta distancia de ellos, por precaución, deciden cambiar de camino, pero después de haber transitado algunas calles, nuevamente el autofly los sobrevuela.

Los Benedictinos formaban un mundo casi aparte del sistema en el que ahora vivían los habitantes de esa ciudad…pero ya sabían ellos que no debían poseer ni leer libros antiguos…

El Régimen no lo permitía…

(Susana-- 10-4-2011)


No, el régimen de los Benedictinos no consentía que los jóvenes de aquella época conocieran historias del pasado, ya que eran totalmente diferentes a la vida actual, pero ¿por qué? -se preguntaban los jóvenes que, una vez en la cafetería y uno sentado frente al otro, conversaban mientras tomaban un café- ¿Qué había de malo conocer historias de otros tiempos?

Esperanza y Nazareno se miraron a los ojos, atraídos por el brillo que ambos desprendían. La muchacha, ruborizada al cruzar su mirada con la del joven, sintió algo especial dentro de ella que nunca antes había sentido con ninguna otra persona. Aquella mirada le transmitía una paz infinita.

Nazareno la observaba, pues su rostro le era familiar, pero lo que más le extrañaba era su nombre.

-Nunca había conocido a nadie, aparte de mi abuela, que llevara el nombre de Esperanza.

-Yo tampoco, pero mi abuela me hablaba de su hermana que también se llamaba como yo, aunque no la conocí porque ella vivía lejos de aquí.

-Qué casualidad, ¿verdad? Esperanza asintió con una sonrisa en los labios.

Se sentía tan feliz, que de vuelta a su casa, y después de despedirse de Nazareno y quedar para otro día e intercambiar opiniones sobre los libros antiguos, contemplaba todo lo que le rodeaba encontrando belleza en todo lo que ponía la mirada. Las aceras mecánicas eran maravillosas, el color naranja de los uniformes, que tan desagradable le resultaba, ahora le parecía alegre, incluso, la mirada apagada de los individuos estáticos le parecía vivaracha y dulce. Levantó la cabeza hacia el cielo para contemplar las nubes blancas que, movidas por el aire, corrían lentamente bajo los rayos del sol formando bellas figuras y, de pronto, apareció nuevamente el autofly que unas horas antes le había seguido. “¿Por qué la perseguían?” -se preguntaba la joven.

Entró, pues, en la casa, se deshizo de la mascarilla y subió la escalera, abrió el arca donde guardaba infinidades de recuerdos de su abuela y se puso a ojear su contenido lleno de interrogantes. Una vez más detuvo la mirada en las fotos y en los modelos que vestían antiguamente y sintió deseos de vestir ella también aquellas ropas, que tan elegantes le parecían.

Un recorte de una revista le llamó la atención. Estaba fechada 40 años atrás y, en su artículo, un científico astrólogo hablaba del sol como una estrella gigante, que según sus estudios, ésta seguiría creciendo con el paso de los años hasta llegar a ser tan grande y potente que sus rayos quemarían como el fuego, y el cambio climático sería tan brusco que los habitantes del planeta tierra necesitarían vestir fibras térmicas para proteger su piel de tales efectos. Al llegar a este punto, Esperanza comprendió el porqué de aquellos modelos antiguos tan diferentes a los actuales y de que en aquella época no usaran los sombreros de ala ancha que usaban ellos en las estaciones de más calor. En ese mismo instante sonó el teléfono inesperadamente, que al oírlo le hizo estremecerse. Guardó el recorte, cerró el arca y se apresuró a coger el auricular, deseando que la voz que escuchara al otro lado del mismo le fuera amistosa.

Y la voz que oyó al otro lado del hilo telefónico era la voz de su hermana Abril, tres años mayor que ella, que le llamaba para darle una buena noticia. Abril hacía un año que vivía en pareja y ahora estaba embarazada. Hablaron de Jenifer, tres años mayor que Abril y de sus niños que estaban preciosos: Irene, de tres añitos, y Carlos, de cinco meses. Y hablaron de la fiesta sorpresa que estaban preparando, en la que se encontrarían las tres hermanas junto a sus familias respectivas.

Después de colgar el teléfono, Esperanza tomó entre sus manos el againer, sorprendiéndose al ver que este tenía encendida una lucecita verde que nunca antes la había visto. Pero, de pronto, sonó el timbre de la puerta y, acelerada, guardó el againer en la funda de piel y con el corazón golpeándole en el pecho bajó la escalera al tiempo que se hacía dos preguntas:

¿Qué significaría la luz verde en el againer? ¿Sería su padre que después de 15 años había sincronizado su againer con ella?

Y por último se hacía otra pregunta:

¿Quién llamaba a la puerta...?

Piedad, 13- 4- 2011


Una mujer escoltada por dos hombres grandes como armarios estaba tras la puerta.

Esperanza aguantó el acto reflejo de cerrar la puerta y llamar a la policía y dijo con voz trémula:

-¿Pu-puedo ayudarles en algo?

-Lo cierto es que sí. – contestó la mujer, sin variar ni un ápice su expresión. Enarcó las cejas casi imperceptiblemente y preguntó-¿podemos pasar?

La respuesta que a Esperanza le hubiera gustado dar sería un rotundo no, esa gente le inspiraba una total desconfianza. No vestían como los demás: la mujer llevaba un vestido beige por encima de la rodilla bajo una cazadora de cuero, a juego con unos zapatos de tacón del mismo color; recogía su largo pelo castaño oscuro en una coleta alta, dejando a la vista su tez pálida, con unos pómulos muy marcados y unos ojos verdes perfectamente delineados. Los hombres llevaban jerséis de cuello vuelto azul oscuro, junto con unos pantalones que Esperanza habría jurado que ¡eran de tela vaquera! ¿Cómo era posible? ¡Hacía siglos que nadie se podía permitir vestir de una manera tan personal.

Pero algo en los ojos de la mujer hizo que Esperanza se apartara de la puerta y les permitiera la entrada. El againer tendría que esperar…

Pasaron hasta el salón y ella, como buena anfitriona, preguntó:

-¿Les apetece algo para beber? ¿Funa, cucola…?

-Con un poco de agua estaría bien, gracias.-contestó la extraña mujer.

-¿Dulce o salada?

-Salada, por favor.

Esperanza miró al techo y dijo bien alto y claro:

-Lucier, tres vasos de agua salada y una lata de funa

-Enseguida.-contestó una voz de hombre-generando bebidas. Bebidas generadas. Por favor, retire los envases.

Esperanza se dirigió a un electrodoméstico similar a los anticuados microondas y extrajo las bebidas.

-¿Y bien? ¿En qué puedo ayudarles?-preguntó luego de darles el agua salada.

-Un momento.-cortó la mujer-Marcius, analiza el local.

Uno de los hombres asintió con la cabeza y extrajo del bolsillo trasero una especie de billetero del tamaño de un mechero. Lo desplegó y una luz azul envolvió la estancia. Segundos después, la luz se tornó verde.

-Despejado.-contestó el hombre.

-Perdona, estábamos asegurándonos de que no tienes robo-cámaras en la casa.

-¿Qué? ¿De qué hablas? ¡¿De qué va todo esto?!-exigió esta vez Esperanza.

-Mi nombre en Yira. Estos son Marcius e Elric. Somos de la OFLA.

-¿La qué?

-La Organización a Favor de las Libertades de Antes.-explicó- Estamos en contra del estricto control que la Dictadura Global tiene sobre los habitantes del mundo. Eso que los de a pie conocen como “El Régimen” es en realidad mucho más, Esperanza. Pretenden engañarnos, volvernos completamente analfabetos, hasta que lleguemos a ser tan ignorantes que no seamos más que animales.

-¿Qué? ¿Por qué… por qué me cuentas a mi todo esto?-balbuceó.

-Porque eres una de las elegidas, Esperanza. Una de las pocas personas que es consciente de que algo no anda bien. Y necesitamos tu ayuda, cuantos más seamos, más fuertes seremos. Pretenden volver a los tiempos de antes, donde el gobierno era de unos pocos y los demás eran conducidos a ciegas a donde más les convenía a los que tenían el poder.

-¿Pero qué dices? ¿Estáis locos? ¡No quiero problemas! ¡Largaos de aquí! ¡Ya!-Esperanza, muerta de miedo, se levantó y los empujó hacia la puerta. Nunca había oído hablar a nadie así. Todos aquellos que se atrevía a cuestionar el Régimen eran duramente castigados.

-Esperanza, necesitamos tu ayuda.-dijo Yira mirándola a los ojos-eres una elegida.

-¡Yo no soy nada de eso! Solo soy una costurera, como muchas otras. Y vosotros unos chalados con mucho tiempo libre. ¡Largo de aquí!-espetó, para luego abrir la puerta, invitándolos a marcharse.

-Te hemos estado observando. Sabemos que no eres “una costurera como otra cualquiera”. Tú sabes que las cosas no marchan bien, sabes que… - intentó Yira.

-¿Observando? ¿Me habéis estado observando? ¡Eráis los del autofly de esta tarde! – Yira solo pudo asentir - ¡Fuera de aquí! ¡Fuera!

-No podemos marcharnos sin ella, Yira. Antón no nos lo perdonará.-musitó Elric.

El tiempo pareció detenerse para Esperanza. ¿Antón? No podía ser… ¡imposible! No podían estar hablando de él…

-¿A-antón?-tartamudeó. Esperanza rebuscó en su bolsillo, con manos temblorosas, en busca de su Againer. Cuando lo encontró, pulsó en la pantalla táctil para ver lo que

“Hija mía, la locomotora se ha parado en la vieja estación. La espera ha terminado. Muy pronto nos volveremos a ver. Te he echado de menos. Te quiero.”

Unos segundos después, tres palabras aparecieron bajo ese mensaje:

“Confía en ellos”

Esperanza nunca sabría decir con certeza qué la llevo a saber que esas tres personas eran “ellos”, pero la sola idea de pensar que volvería a ver a su padre después de tantos años pudo más que cualquier miedo a las consecuencias de pasearse con semejantes individuos.

La mujer guardó el againer en su bolsillo de nuevo, cogió la vieja toquilla gris perla de su abuela y salió por la puerta acompañada de los componentes de la OFLA.

¿Qué quería esa gente de ella? ¿Contra qué clase de Dictadura Global decían luchar? ¿Podía fiarse de ellos? ¿Por qué querían su ayuda? ¿¿Qué era eso de “los elegidos”??

Esperanza no dejaba de darle vueltas a esas preguntas, pero sin duda, la que más presencia tenía en su mente era ¿de verdad volvería a ver a su padre después de 15 largos años?

Al Pan, Pan y al Vino, Vino


La muchacha se subió a un autofly azul oscuro con Yira, Marcius e Elric. El vehículo inició el despegue y salió disparado, sobrevolando el cielo oscuro de la noches

María


Espero que no os aburráis. Hasta otra

reser

dissabte, 28 de maig del 2011

RELATO COMPARTIDO

Aquí van varios capitulo más.

Secó sus lágrimas, no era cuestión de andar mostrando debilidades, la mañana llegaría pronto y volvería a tener cinco minutos de felicidad, esos que la ayudaban a continuar en la incesante rutina. Acarició el Againer que acomodó en la mesa de luz.

El día transcurrió como siempre cosiendo los uniformes, todos iguales, todos del mismo naranja horrible, tanto que le lastimaba los ojos verlo, lo peor es que debería usarlo la misma temporada.

Por los altavoces se escuchaba la música clásica que la acompañaba desde que había sido llevada al Training Citizen Center, a los pocos minutos la voz monocorde que les recordaba lealtad a La Coalición, amor al Mando Superior, que estaban prohibidas la lectura de texto que no estuvieran publicados por la Coalición. Muchas veces quería ponerse tapones en los oídos, odiaba esas palabras, esa música, detestaba todo lo que la rodeaba y sólo esos cinco minutos por las mañanas la mantenían cuerda.

Sabía que estaban prohibidos los Againer, que si la encontraban con uno iría a la isla de la Incomunicación, pero bien valía la pena esa desobediencia, ella y sus hermanas guardarían su secreto, aunque ahora ellas estaban lejos y era casi imposible recordar los viejos tiempos.

Esperanza creía que todo algún día cambiaría, estaba segura que no sería a la única que le molestaba todo aquello que la rodeaba. Una tarde cuando volvía a su casa le pareció ver un joven con un libro antiguo asomando de su bolsillo, intentó seguirlo, pero esté desapareció, pero no se dio por vencida, y desde entonces hacía siempre el mismo camino con el deseo de cruzarlo nuevamente.

Muchos detalles le hacían creer que no era única, personas que la miraban directamente a los ojos, algunos que caminaban más rápido que otros, otros llevaban sonrisas en su cara, no todos eran autómatas, no tenían el cerebro lavado, había algunos que no eran traidores ni fieles a la causa. No recordaba cuándo se dio cuenta, pero algo dentro de ella le decía que por algo su padre la había llamado Esperanza.

(Aldhanaax- 1-4-2011)


Esperanza. Su nombre por sí sólo tenía esencia de ilusión y optimismo. Ella intuía que no era un adorno a su persona, sino una misión que debería cumplir en esta tierra. Nadie podría disuadirla, estaba convencida de ello.

Antes de llegar a su casa, se detuvo a mirar los árboles con sus hojas tan verdes que invitaban a no hacer harapos con la esperanza.

Pero además no podía sacar de su mente a aquel joven con su antiguo libro.

Se preguntó que si había sido una visión o era realidad. Más le entusiasmó la última idea. Quiso buscarlo por otros caminos, no los ya recorridos, ir por otros barrios.

Cuando llegó a su casa recorrió con su mirada las paredes, duras murallas y las ventanas abiertas pegando en sus vidrios el cielo .Esta imagen la invito a salir, respirando la libertad mientras iría nuevamente en busca de aquel joven.

La ciudad era demasiado grande, pero ella lo buscaría en cada rincón.

Se abrigó con un chal colorido que le regalara una amiga de Perú y salió caminado lentamente pero avivando sus ojos para hallarlo.

Comenzó a recorrer el monasterio de los Benedictinos.


Llegó hasta su biblioteca, pidió por los libros más antiguos. Detuvo la mirada en uno que decía: Viajes hacia la Esperanza.

El bibliotecario le comentó que ese libro no podía cederlo, pues un joven lo retiraría en horas del atardecer.

Le asistió una sospecha ¿Sería aquel joven que ella buscaba encontrar?

(Estella Maris, 2-4-2011)


El atardecer la encontró observando la entrada de aquella Biblioteca. Su nombre se fundía en un sentimiento, los dos eran uno en ese momento, formaban el alimento diario de nuestro existir, la esperanza de encontrar lo que buscamos…

A pocos metros del lugar, Nazareno caminaba absorto en sus pensamientos… en su propia búsqueda, empecinado en descubrir el conflicto que lo aquejaba desde hacía tiempo.

De alguna manera aquel libro que deseaba leer ya, le auguraba un cambio, un paso hacia una vida distinta, hacia el descubrimiento de su camino verdadero…

La calle era testigo de la desilusión; seguía su paso lamentándose, como de costumbre, por culpas vanas y otorgando una sensación de lástima a cualquiera que se le cruzara

Alberto, un señor de unos 60 años, hacía tiempo que observaba pasar al joven, notaba como sus quejidos ilógicos sobre todas las cosas tenían tal efecto negativo en las pobres personas que lo rodeaban.

En oportunidades en que Nazareno se detenía en su kiosco, Alberto trataba de cambiar su ánimo. Aquel día como atraído por un imán, se acercó una vez más al pequeño comercio vecino a la biblioteca…

Alberto, observando su mirada colmada de tristeza comenzó a hablarle…

Nada nace con valor muchacho. El valor, por suerte, lo ponemos nosotros; nosotros somos los consumidores, si el valor fuera divino, ¿Quién sería capaz de pagarlo? Cuando sientas que nada te entretiene, sube tu mirada y mira hacia el cielo. Las nubes están allí para vos, cada día es un espectáculo diferente, sus formas jugarán con tu imaginación y los rayos de luz pondrán colores extraordinarios en ellas.

¿Cómo te puedes aburrir con tanta belleza?

Si el día no te complace, siempre está la noche, y sus estrellas, luceros angelicales que iluminan tu patético rostro para que nunca te sientas solo. No necesitas a nadie si puedes descubrir la belleza en las cosas más simples. Cuando alcanzas ese nivel, nunca más veras los tonos grises.

La lluvia y los días nublados también son hermosos. Cada gota que cae del cielo, está dispuesta a limpiar todo pensamiento de maldad, codicia y barullo; la lluvia es perfecta muchacho, siempre te perdona, te rebautiza con cada gota liberándote de toda pena.

Ante estas palabras, Nazareno dejó entrever una sonrisa agradecida y siguió hacia su destino. Recordaba aquel libro que lo había maravillado por su título. Sentía en el aire una diferencia, podía respirar mejor.

La humanidad y su cultura en constante evolución habían desequilibrado su vida y necesitaba reacomodarse. La entramada red social de la época exigía estar en crecimiento continuo para no ser arrastrado por la marea de la rutina acelerada.

Pensó un minuto en su abuela. Ella se llamaba Esperanza y lo quería a su manera, no pudo darle más que pan y café por las mañanas, pero estaba con él y lo llevaba a todos lados. Había crecido con sus mimos y nunca se alejó del lugar que le dio cobijo.

Ahora estaba solo… La ausencia de la abuela lo obsesionaba…

Entró a la Biblioteca ansioso y retiró su reserva… Completó debidamente la ficha y se dispuso a salir…

Una mujer interceptó su paso. Sus miradas se cruzaron. Enmudecieron y así quedaron por largos minutos…

(Colo, 9-4-2011)


Lo dejo por hoy, no quiero que l@s que paséis se os haga muy pesado. Las fotos son de los blog de varias personas que intervienen en el relato, nuestra moderadora las va cogiendo según le parece.
Hasta otra
reser

dimarts, 24 de maig del 2011

RELATO COLECTIVO

Hola amig@s del curso, me gustaría que entrarais de vez en cuando al bloc. Seria bonito que pesarais a escribir alguna cosa, un relato de una fiesta, una poesía, no importa el que. Seguro que si empezarais a hacerlo no dudo que os llegaría a gustar.
Rosa y yo, estamos , en compañía de muchas otras personas, escribiendo un relato colectivo. Esta a punto de acabar y os aseguro que ha sido divertido (todo que hemos pasado nervios, pues no sabíamos como nos saldría nuestros fragmentos) y muy enriquecedor.
He pensado de ir poniendo capítulos para saber que os parece.
Su titulo es:

AL PAN, PAN Y AL VINO,VINO


Amanecía cuando Esperanza salió de su casa echándose sobre los hombros la vieja toquilla gris perla de su abuela.

"Una primavera fresquita se nos presenta", pensó, mientras se dirigía con paso ligero a la antigua estación de trenes.

El sol aparecía tímidamente por el horizonte y pronto sus rayos hicieron brillar el cabello rubio de la chica. Ésta recorría las calles sin detenerse, con el fin de llegar a su destino, la estación, antes de que la gente empezara a salir de sus casas. Llevaba haciendo este camino quince años, así todos los días, desde que cumplió los ocho. Empezó acompañando a sus hermanas mayores, pero ahora lo hacía ella sola ya que ellas se habían ido a vivir a otra ciudad.

Tardó siete minutos en llegar al viejo edificio. Las puertas estaban abiertas, siempre lo estaban, cruzó el vestíbulo vacío de gente y se dirigió al andén. Se detuvo junto a las vías y miró a izquierda y derecha. Siempre hacía los mismos movimientos, siempre a la misma hora y en el mismo lugar. Nadie la veía, pues a aquellas horas nadie estaba en la calle aún. Si alguien la hubiera observado pensaría que Esperanza estaba esperando a alguien, pero ¿a quién?


Pasados cinco minutos, la chica se giró bruscamente, como la que se despierta de un sueño, y volvió a recorrer el camino de regreso a su casa con el mismo paso ligero que la llevó hasta allí.
Abrió la puerta sin hacer ruido, subió la escalera y entró a la buhardilla. Se quitó la toquilla, la dobló cuidadosamente y la colocó en la vieja arca, junto a muchos otros objetos que allí descansaban desde hacía muchos años: un par de libros, una caja con fotografías y recortes de revistas, un sombrero, un paraguas y muchas más cosas.


Tenía que darse prisa pues debía estar puntualmente en su trabajo. Le esperaban unas horas sentada cosiendo. Le habían encomendado que se encargara, junto a otras mujeres, de coser los trajes para toda los vecinos y vecinas del barrio. Una tarea fácil, ya que todos los trajes eran iguales, tanto para hombres como para mujeres, pero también era una tarea aburida. Ella había visto en las fotografías, y en los recortes de revistas que guardaba en el arca de su abuela, que treinta años antes no todo el mundo vestía con el mismo traje. Entonces había mucha variedad de telas, colores y formas.

¿Por qué había cambiado todo tanto?
¿Por qué la chica iba cada día a la antigua estación de trenes, si ya ninguno pasaba por allí?

A las siete en punto de la mañana, Esperanza estaba preparada para empezar su jornada laboral.

(Conchi, 30-03-2011)


Guardó cuidadosamente el viejo Againer en su funda de piel y se dirigió a la puerta donde el parpadeo de una luz roja la hizo volver sobre sus pasos a recoger la mascarilla. Sería mejor cubrirse un poco o al día siguiente tendría de nuevo esa tos seca tan desagradable de las últimas alarmas. Cerró con destreza la cremallera del mono y bajó apresuradamente los escalones que la separaban de la calle. Las aceras automáticas ya estaban en marcha y una multitud de individuos estáticos con ojos apagados se desplazaba a velocidad constante hacia Fabrics Corporation, la fábrica de La Coalición encargada de suministrar uniformes a la población de la ciudad en la que Esperanza trabajaba desde hacía unos cuantos años. Los atuendos variaban de color y diseño cada estación y, ahora que la primavera se acercaba, trabajaban a contrarreloj para terminar a tiempo.

De un salto se colocó sobre la acera rodante sin que nadie se inmutara. Jugueteó tecleando con los dedos sobre la barandilla negra que rodaba más despacio que la cinta por lo que, de cuando en cuando, tenía que levantarlos y colocarlos más adelante o habría terminado cayéndose. Le gustaba el cambiante paisaje urbano: a diario surgían nuevos edificios y desaparecían otros; los parques se llenaban de árboles o se transformaban en desiertos según el capricho del encargado de La Coalición; a veces la nieve artificial hacía aparición en agosto cubriendo los tejados con una gruesa capa blanca que se mantenía intacta bajo un tórrido calor o surgía una inmensa playa en la plaza en pleno diciembre. Y arriba, por encima de sus cabezas, los nuevos modelos de autoflies se destacaban frente al gris del cielo librando la batalla del tráfico en medio de piruetas, bocinazos y alguna colisión con el consiguiente peligro para los viandantes.

Era lunes, llevaba todo el fin de semana en casa sin hablar con nadie. Su hermana, Jennifer, le había prometido venir a verla pero la había llamado el viernes para disculparse porque tenía malo al niño pequeño. Una terrible melancolía se había apoderado de ella con tal furia que el cuerpo se le quebró y decidió meterse entre sábanas. Sólo el habitual paseo matinal con el Againer la había calmado un poco. De todas maneras, los Againers habían mejorado mucho y ahora no sólo transportaban al sujeto al pasado sino que también reproducían el movimiento de los objetos de entonces e incluso se podían realizar viajes interactivos con otros usuarios. El suyo sólo le permitía moverse por escenarios del pasado en solitario, sin compartir la experiencia con nadie y, además, como un alma en pena caminando en un mundo detenido en el tiempo. Su padre se lo había regalado el día que cumplió los ocho años y la vinieron a buscar para llevarla

al Training Citizen Center con todos los niños de su edad. Entonces, mientras la miraba con ese amor tan suyo, su padre había sacado el Againer del estuche de piel que lo guardaba mientras le rogaba que fuera todas las mañanas a la estación donde él trabajaba si no quería sentirse sola y desvalida. Que observara esa costumbre durante toda su vida y así sabría siempre lo mucho que su madre y él la querían. Luego, con una sonrisa, le mostró otro Againer idéntico y le dijo: “yo he sincronizado el mío con el tuyo para poder coincidir en algún viaje. Te prometo, hija mía, que si conservas la fe, algún día me verás llegar a bordo de la locomotora”. Y con esas palabras se habían despedido hacía ya quince años. Desde entonces nunca más se habían visto.

(Alicia, 1-04-2011)


Esto son dos capítulos, como veis están firmados por las personas que lo han escrito. Ya me diréis que os ha parecido.

Hasta otra

reser

diumenge, 17 d’abril del 2011

12ena. Setmana de la Gent Gran

Aquest any, el casal de Vilanova del Camí, celebrem la 12ena. Setmana de la Gent Gran, com cada any, ens agradaria que sigues lo mes concorregut possible, serà del 9 al 15 de maig del 2011. Des de el dia 11 s’han obert les inscripcions, per els diferents actes, son els següents:
1.Dia 9, passejada per el riu Anoia ¡ esmorzar a Can Tito.
2.Dia 11, viatge cultural a les caves Freixenet dinar al Restaurant Nou i al final gran ball per el solista "L'Enric".
3.Dia 12, conferencia Mossos d'Esquadra, "Petits consells per a grans persones", després repartí els premis dels concursos de jocs de taula.
4.Dia 13, concurs de plats cuinats i a continuació repartició del premis.
5.Dia 14, es fa l’acta mes maco i mes emotiu de la setmana, a les 11,30 Homenatge a la Gent Gran, nascudes a l'any 1924, cantarà la coral "La Pregona", de Vilanova del Camí, s’entregarà una placa commemorativa i per últim es farà un bon pica-pica. Ala tarda, es farà un ball com cada dissabte amb el cantant "Fernando de Màxim".
6.Dia 15, a partir de les 11,30, es començarà el concurs d'arròs a la cassola, amb membres de la "Confraria d'Arròs a la Cassola" de Catalunya, i concursants de Vilanova i la comarca. Ales 2,30, dinar de germanor, entrega del premis del concurs i ball de cloenda de la nostre setmana, amb el "Duo Doble Perfil"
Haviam si ens animem i podeu venir a fer alguna activitat, per fer gresca i passar-ho be sempre hi som a temps.

La Junta del Casal